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Desgaste y alternancia en el poder

banda_presidencial Cuando un partido o coalición recién llega al poder, el ímpetu de cambios, el entusiasmo inicial, la innovación y las ganas de hacer bien las cosas, parecen ser la marca distintiva. Pero cuando una coalición o partido lleva años en el poder, otra es la realidad. El entusiasmo inicial se ha acabado, ya no les interesa innovar, y el cambio se ve lejano, porque nada nuevo pueden ofrecer si llevan tantos años en el poder. La corrupción comienza a instalarse, al copar el aparato estatal de partidarios, amigos, compadres y parientes, y amigos de los amigos… Las personas más eficientes son desplazadas por personas con vínculos sociales con los que designan el cargo, es decir, el “pituto” se instala. A este partido o coalición con años en el poder, le aterra la idea de perderlo, no porque ya no pueda seguir “haciendo más” por el país, sino porque una nueva administración dejaría a muchos amigos, parientes, compadres y amigos de los amigos sin trabajo. Ni que decir: se destaparían todos los actos de corrupción eficientemente tapados. Eso es precisamente lo que sucede con la Concertación de partidos por la Democracia, en Chile. Tienen miedo de perder el poder por todas las razones más arriba expuestas y otras más. Están agotados, y prueba de ello es que no tengan rostros nuevos que ofrecer a la ciudadanía para las próximas elecciones, sino que repiten el mismo set de caras. ¿Que nuevo pueden ofrecer a la ciudadanía en materia de combate a la delincuencia, si ya tuvieron 20 años para hacerlo? ¿ O en salud? ¿ Mejoraran la calidad y dignidad de las viviendas si les damos otros cuatro años más?. Sinceramente no lo creo. Y no es que yo sea partidario de la otra alternativa que es la Alianza por Chile, que me merece muchas críticas, pero de lo que si soy partidario es de la alternancia en el poder. Sólo así se asegura que los cargos públicos no se conviertan en pagadores de favores políticos, los partidos gobernantes se acostumbran a trabajar con las personas más eficientes, sin mirar su color político, decrece la incertidumbre laboral en los funcionarios de la administración, la corrupción decrece porque un nuevo partido en el poder trae controles sobre la administración anterior, y eso ya es un disuasivo. Por otro lado, si las grandes políticas públicas y los grandes consensos se han convertido ya en políticas y consensos de Estado, un cambio del partido gobernante no trae necesariamente un borrón y cuenta nueva, sino continuidad, con rostros y sabores nuevos. ¿Está Chile maduro para esto?

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