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Ñuble

Cementerio de Apestados de Chillán

Hace algunos días atrás y “hojeando la web” llegué a la página del cementerio de Chillán (www.cementeriomunicipalchillan.cl) y quedé muy sorprendido al enterarme que alguna vez existió un cementerio para las víctimas de la peste, que, como no, se llamó popularmente como “Cementerio de los Apestados”. Lamentablemente, la única información que aparece en dicho sitio es que se ubicaba al poniente de la actual población Vicente Pérez Rosales. Seguramente debió haber estado muy cerca del lugar donde se ubicaba el lazareto que acogía a estos enfermos y que da el nombre a una calle allende la vía férrea (En otra entrada me referí a eso). Traté de averiguar más sobre este desaparecido cementerio, pero no hay ninguna otra información. Solamente sé que se trataría de la epidemia de viruela que afectó a Chile a fines de siglo XIX. Las víctimas de esta enfermedad eran enterradas inmediatamente una vez muertas y sus desdichados familiares no tenían la posibilidad ni siquiera de velarlos o hacerles una misa. Eran inhumados los cuerpos generalmente envueltos en una lona y se les arrojaba un desinfectante de color azulado. Así las cosas, hace un tiempo atrás, pero en Santiago, cuando se construía la autopista Costanera Norte y en las cercanías de Renca se encontró un cementerio de apestados, y precisamente los cadáveres estaban envueltos en lona y tenían esa sustancia azulada desinfectante.

Poco se sabe del cementerio de apestados de Chillán. No conozco la ubicación exacta, no conozco la fecha en que desapareció, o si alguna vez fueron retirados los cadáveres o si sencillamente se construyó encima de él. Simplemente se lo llevó la historia.

Río Viejo, viejo río

Hace algún tiempo, alguien me consultó por qué en Chillán había un sector que se llamaba “Río Viejo”, y que le da nombre a una transitada avenida, que es el origen del camino a las termas de Chillán. No pude evitar retroceder en el tiempo hasta el día 25 de mayo de 1751, cuando un feroz movimiento telúrico destruyó por completo el incipiente pueblo de Chillán. No se trata del Chillán Viejo actual, sino de uno más viejo, uno que quedaba emplazado en el sector denominado “El Bajo”, y cuyas orillas bañaba el río Chillán. Este cataclismo fue tan tremendo que el río cambió su curso casi quince cuadras más al sur. Cuentan los cronistas, que el río entró en el pueblo como una tremenda ola, arrasando con lo poco que había quedado en pie tras el terremoto. Probablemente, se haya producido un derrumbe que taponó el curso del río, y que al romperse este tapón, el agua acumulada del río entró con toda su furia al arruinado Chillán. Sea como sea, el río jamás volvió a su antiguo lecho, y en su lugar quedó un pequeño estero al que se le denominó “Río Viejo”, pues efectivamente, eran los restos del antiguo río que bañaba al pueblo de Chillán, que nuevamente fue trasladado de lugar, hacía “El Alto”, lugar que ocupa actualmente el pueblo de Chillán Viejo.

Iglesia San Francisco necesita ayuda urgente

La Iglesia San Francisco de Chillán, es una obra arquitectónica emblemática de nuestra ciudad. Nunca fue concluida y sufrió severos daños con motivo del terremoto de 24 de enero de 1939, que destruyó su techo, y su cúpula. Quizá los chillanejos más antiguos recuerden que gracias a una noria existente en la parroquia fue como se pudo surtir de agua a la ciudad destruída por la catástrofe, ya que el terremoto destruyó todas o casi todas las tuberías de agua existentes. Fue así como esta parroquia de San Francisco, ayudó a los afligidos chillanejos, proporcionándoles el vital elemento. Pero la memoria es frágil. Pues bien, ahora este templo, que alberga un tesoro cultural y patrimonial invaluable, necesita de la urgente ayuda de los chillanejos. Es evidente para quienes asisten a misa a este templo en días de lluvias, las muchas filtraciones y goteras que caen del techo. Se ha hecho una campaña, pero la respuesta ha sido tibia. Ni las autoridades ni los empresarios han querido colaborar, y sólo a lo más han prometido estudios, proyectos, pero nada concreto. Ha sido gracias a la respuesta de los mismos feligreses la que ha salvado esta campaña de no ser calificada de fracaso. Se necesita dinero, mucho dinero, para cambiar la techumbre, y así salvar al patrimonio cultural, arquitectónico y religioso que este templo alberga. Todo aporte vale.

Ciudad fea y sucia: El rostro de Chillán para el mundial femenino

No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, dice un refrán. Pues bien, queda poco tiempo para que comience el Mundial Femenino, una de cuyas sedes es la ciudad de Chillán. Pese a que quedan pocas semanas, el rostro de esta ciudad no ofrecerá nada bueno para el visitante, tanto extranjero como nacional. ¿Que tenemos para ofrecer? Basura acumulada en las esquinas, perros vagos y sus excrementos por todas partes, calles llenas de hoyos, veredas en mal estado, señalética inadecuada o inexistente, nauseabundos olores de las chancherías, mala iluminación en las calles que invita a la delincuencia. Ahora bien, ¿qué han hecho nuestras autoridades al respecto? Muy poco o nada. Lo primero que debieron hacer es haber permitido la construcción del nuevo estadio en otro lugar, más abierto, más susceptible de hermoseamiento, pero eligieron construir donde estaba el antiguo estadio, en una calle angosta, oscura, que no ofrece ningún atractivo para nadie, incluso con carencia de semáforos en sus esquinas más importantes. Me da vergüenza como chillanense la falta de criterio, de sentido común de nuestras autoridades, especialmente las municipales. Creo que ha sido una irresponsabilidad de su parte proponer a Chillán en las actuales condiciones como sede de un evento deportivo de magnitud planetaria. Es una pésima vitrina la que están ofreciendo, y en estos pocos meses que quedan para que comience el evento deportivo, las autoridades están más preocupadas de llenar las calles de basura electoral, que de limpiarlas de la basura ya existente. No me da más que pensar que lo único que hace nuestro señor alcalde es calentar su sillón alcaldicio, esperando entregar su cargo a su sucesor (Que creo que no aportará nada nuevo, seguiremos revolcándonos en la misma mierda de siempre) y poder irse a su casa, disfrutando de su sueldo vitalicio. Es una lástima para Chillán, que por la inoperancia e incompetencia de sus autoridades pierda una oportunidad, quizá irrepetible, de mostrarse como una ciudad amable, bella y agradable para sus visitantes.

Chancherías de Chillán

Vivir con olor a mierda no le hace gracia a nadie, más cuando no sólo es un individuo, sino toda una ciudad la que siente las emanaciones de la mierda porcina. Es insoportable, especialmente en las tardes, cuando uno va a tomar once y se encuentra con el desagradable bouquet de excremento que proviene del lado norte de nuestra Ilustre Ciudad de Chillán. Y nuestras autoridades se han portado como la misma sustancia de la cual emanan estos olores. No han hecho nada, y creo que nada harán. Créanme que si sólo multan a estas empresas, ellos considerarán dichas multas como parte de sus costos operativos y nada cambiará. La solución definitiva a este problema es clausurar estos planteles porcinos, la verdad es que nuestras narices, nuestra salud y nuestro bienestar lo exigen.

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