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El escudo: huemules y caballos. Una curiosidad bicentenaria

Viendo el desfile militar de hoy y el carruaje en que llegó el Presidente de la República que tiene el escudo de Chile grabado, se me volvió a la mente algunas curiosidades respecto al Escudo de Chile actual. Resulta que muchas veces el gobierno encargaba confeccionar al extranjero estatuas, carruajes (como el que vimos hoy) y otros ornamentos. En las especificaciones se incluía que debía traer grabado el escudo de Chile. Sucedió, muchas veces, que los artistas extranjeros no conocían el huemul — animal que va en el costado izquierdo del escudo — y simplemente lo reemplazaban por un animal parecido al caballo o por un caballo derechamente. Así se puede ver en algunos monumentos, como el de la Plaza Sotomayor de Valparaíso, y el de la plaza de armas de Concepción, entre otros.

Feriado largo

Hace poco rato salí a correr, y en todas partes y de todas las casa sale olor a pino de empanadas. La mayoría de las casas están embanderadas, los niños está elevando volantines. Se nota ambiente de fiesta en la ciudad. Ojalá que esta fiesta del Bicentenario sea una feliz ocasión para reencontrarse con la familia y los amigos, sin excesos.

Es por esta razón que aplaudo lo señalado por la Inspección del Trabajo, en el sentido de sancionar a aquellas empresas o comercios que hagan trabajar a su gente durante estos días feriados. El estar con la familia, los amigos, la pareja, y divertirse es algo que no tiene precio. Ningún empresario, con todo el dinero del mundo podrá jamás reemplazar esos momentos.

Sé que se van a quejar de los millones de dólares en pérdidas, pero no sólo de dinero vive el hombre. Hay cosas más grandes, más trascendentes que un poco de dinero. Pensar de otra manera es egoísmo puro. El hombre no es una máquina, es un ser que en si mismo es un fin y no un medio. Bien por la Inspección del trabajo que fiscalice… pero también los fiscalizadores deben descansar. También ellos son trabajadores ¿o no?

Bicentenario en Chile

image Este 18 de septiembre se cumple un nuevo aniversario desde la primera Junta Nacional de Gobierno de 1810. No es un aniversario cualquiera, pues 200 años nos separan de aquel día ya lejano. Fue el día en que comenzó a gestarse de forma más abierta un proceso que ya se había iniciado años atrás con infructuosos intentos de revolución en contra del colonialismo español.

La identidad de la nación chilena se ha ido forjando por la historia que los mismos chilenos hemos ido escribiendo, y otras veces ha sido la naturaleza la que nos ha dado el carácter que nos identifica. Desde el 18 de septiembre de 1810 se sucedió una guerra entre realistas y patriotas, una verdadera guerra civil, pues los que peleaban en uno u otro bando eran los mismos habitantes de esta tierra divididos entre la lealtad y la libertad.

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Dad al César lo que es del César

Voy a dedicarme a otro tema, aparte del terremoto del 27 de febrero pasado, pero a propósito de él, he visto en los medios de comunicación como curas católicos claman a los vientos que esto es una señal de Dios para castigar a la humanidad. Y no sólo curas de Chile, sino de otros países, el último fue el cardenal boliviano.

Desde que el mundo existe han existido terremotos y otras catástrofes, aún antes que se creara o inventara a la Santa Iglesia Católica Romana. Me parece que esto es de una alcahuetería sin nombre, hacer creer a la gente que si no se convierten hacia lo que ellos dicen que es lo correcto, es que seguirán recibiendo castigos. ¿Con qué moral estos curas vienen a decirle a la gente que es lo bueno y lo malo?. Pues, con ninguno.

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La fragilidad humana

El sufrimiento luego de este terremoto ha sido por partida múltiple: Primero, el sismo en sí destruye todo, provocando naturalmente angustia y desesperación en la población. Los servicios básicos se cortan, y nuevamente volvemos de golpe 100 o 150 años atrás, lejos de la comodidad de presionar un botón para iluminar una habitación, o de teclear algo que viaja a la velocidad del pensamiento, o de girar una llave para sacar agua. De golpe volvemos a las velas, a los recipientes que se llenan con el vital líquido en una fuente de abastecimiento común, y el computador que ya no funciona cede frente a la obsoleta radio (a pilas) como medio de información. Nuestro sentimiento de soledad y desamparo va creciendo con las horas. Llega la noche, más oscura que todas, iluminada con una luna que se ve más blanca que de costumbre, y que lejos de tranquilizar, atemoriza, y nos damos cuenta de la miseria humana, pasamos de creernos dioses a volvernos nada. Una vez más la naturaleza ha puesto de rodillas al ser humano y nos ha mostrado cuan frágiles somos.

La noche avanza y nuestros temores también. Corren por las calles como regueros de pólvora los rumores que no hacen sino confirmar que la pesadilla está recién comenzando: se acercan bandas de saqueadores. Doble razón para no dormir en las noches que se hacen eternas. El temor a las réplicas del terremoto y el temor a ver perdido lo que queda de nuestras pertenencias tras el sismo.

La angustia crece al saber noticias de otros lugares, la ruina y devastación son más grandes de lo que creíamos, y siempre habrá alguien que estará peor que nosotros: ese es nuestro consuelo. De la angustia pasamos a un sentimiento de gratitud por haber salidos ilesos de esta. Operan las conversiones instantáneas al cristianismo y damos gracias a Dios.

Son estas catástrofes las que muestran las dos caras más profundas del ser humano, la de la solidaridad y la de un instinto depredador. Es así como vecinos que apenas se saludaban ahora se hablan y se socorren, y como otra gente, ora por desesperación por obtener víveres, ora por sinvergüenzura comienzan a saquear los negocios y casas desamparadas.

Esta es una historia que esta escrita desde siempre. No es la primera vez que sucede en un país llamado Chile ni tampoco en el mundo. Ya ha ocurrido innumerables veces en el pasado y seguirá ocurriendo en el futuro. Las catástrofes desnudan al ser humano física y espiritualmente y lo muestran tal como es, y nos pueden mostrar su entereza y dignidad así como todas sus miserias.

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