Sistema carcelario colapsado. Victimarios y víctimas

Después de varios días de intensa actividad académica, puedo darme una pausa y volver a escribir alguna reflexión sobre los últimos acontecimientos de estos días.

Una horripilante tragedia que no es sino el colofón de un sistema carcelario absolutamente fracasado y colapsado.

Sin duda que la muerte de estas 81 víctimas es un llamado de atención que cruza a toda la sociedad. El sistema carcelario chileno no es digno de un país que mira al primer mundo y que se autoconsidera ad portas del desarrollo.

No soy muy devoto de darle a los presos tantas facilidades, pues para mí las cárceles son lugares de castigo y no hoteles ni centros de diversión y esparcimiento. Pero tampoco soy partidario de desconocer que la dignidad humana está presente en quienes han cometido un delito. Así – aunque algunos les moleste – siguen siendo personas y merecen un trato digno.

El sistema carcelario chileno, además de hacinado, es muy permisivo. No me sorprendió – por tanto – ver como los mismos presos de la cárcel incendiada llamaban desde sus móviles a los canales de televisión para contar su testimonio de lo vivido. Es inconcebible que una persona a quien se ha castigado por cometer delitos, privándosele de su libertad pueda hacer uso de teléfonos celulares desde dentro de las cárceles. No me sorprende tampoco que hayan bandas delictuales que siguen controlando sus negocios ilícitos tras las rejas.

En este mismo orden de cosas, he visto como los presos cocinan en sus celdas, mediante anafres fabricados por ellos mismos, con el consiguiente riesgo eléctrico. ¿Por qué se permiten esas cosas?. Creo, sin dudarlo, que no es hora de buscar respuestas, sino de implantar soluciones, y creo que dichas soluciones pasan por varios puntos, a saber:

  1. Terminar con el hacinamiento. Esto es a largo plazo, y con suerte y voluntad política se puede lograr a mediano plazo.
  2. Reglamento carcelario estricto, que acabe con la permisividad que hay en las cárceles chilenas.
  3. Sistema de visitas restringido, que evite el contacto personal, pues es ahí donde los familiares ingresan celulares, drogas, y otros elementos prohibidos.
  4. Uso obligatorio de uniforme para los presos.
  5. Penas no privativas de libertad para delitos menores, siempre que no haya reincidencia.
  6. Penas efectivas para reincidentes, sin beneficios de ningún tipo.
  7. Un efectivo sistema de trabajo al interior de las cárceles, donde los presos puedan producir algo útil y que se les pague un sueldo digno por su trabajo.

Son estas algunas ideas, pero sin duda que hay muchísimas más.

Ahora, respecto de las víctimas, el Estado chileno sigue haciendo la vista gorda. Mientras el victimario tiene todas las garantías aseguradas, la víctima – al contrario de lo que se cree – no está representada en sus intereses por el ministerio público, pues esta representa los intereses generales de la sociedad y no los individuales de la víctima. Sumado a ello una excesiva carga de trabajo de los fiscales, estos hacen simplemente un trabajo deficiente en delitos que ellos califican de menores, con lo que se desvirtúa el principio de justicia que toda persona víctima de un delito espera del sistema, haciendo que la sociedad desconfíe del sistema judicial porque siente – y con razón – que para ellos el sistema no alcanza. Luego, surge la idea de que la justicia es para la gente rica, pues ellos pueden pagar a un abogado que se querelle contra el delincuente, representando sus intereses individuales lesionados, al mismo tiempo que el Ministerio Público representa los intereses generales. Lamentablemente esto último es efectivamente lo que ocurre en la realidad. Así, la sensación de desamparo que siente la sociedad frente a la delincuencia se ve acrecentada por un sistema judicial penal que privilegia las estadísticas por sobre la efectiva realización de la justicia.

De todas estas experiencias hay que sacar enseñanzas, pero por sobre todo voluntad para solucionarlos de forma definitiva, y que las recriminaciones políticas sobre quién es el responsable de todo este mal funcionamiento se conviertan en voluntad política para solucionarlos. Las personas honradas esperan soluciones. No hay que dejar esta tarea para mañana.

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